El cura asesinado por la Falange
Al parecer, a José Pascual Duaso lo asesinaron por comunista, ya que, según algunas fuentes, realizaba algo tan comunista y tan poco cristiano como repartir lo que tenía, incluida la leche de su vaca, entre los más necesitados de Loscorrales. Aquel asesinato conmocionó al pueblo, pero como el horno estaba para pocos bollos en aquel entonces, salvo para el miedo y el fanatismo, tuvieron que pasar varios años para que alguien se atreviera a colocar una lápida en su sepultura. El cura de Loscorrales nunca será incluido en la larga lista de mártires beatificados y canonizados por la Iglesia Católica, y todo por culpa de la geografía: matan a uno en un lado y aparece un mártir; matan a otro en el otro lado y desaparece del mapa.
El párroco José Pascual Duaso, fue vilmente asesinado el 22 de diciembre de 1936, justamente a pocos días de las fechas navideñas. Sin duda toda una prueba de la misericordia de aquellos que enarbolaban los estandartes de la fe.
Hacen trampa, mienten, manipulan. El cardenal Rouco Varela afirmaba hace unos meses que los clérigos asesinados desde el lado republicano no eran mártires de la guerra civil, sino de la fe. Sin entrar aquí y ahora en cuestionar semejante afirmación, Rouco ignora, por ejemplo, al cura aragonés asesinado por falangistas. ¿Es que acaso J. Pascual Duaso no obraba movido por su fe? ¿En qué se fijan realmente los jerarcas católicos: en la fe o en el bando donde cayeron los asesinados? Manuel de Irujo, ministro de Justicia del Gobierno de la República y católico convencido, ya se lamentaba por aquel entonces en una carta dirigida al cardenal Vidal y Barraquer de que la Iglesia "figurara como mártir en la zona republicana y formando en el piquete de ejecución en la zona franquista".
La iglesia de hoy, se equivoca plenamente al persistir en los mismos postulados que pusieron en práctica en aquella trágica época, así solo lograran que se continúe acrecentando la animadversión que se han ganado a pulso.
Quienes proclamaban que el levantamiento militar y la guerra civil eran una "cruzada" contra el ateismo y el comunismo fusilaron en el País Vasco también a 16 sacerdotes, 13 diocesanos y 3 religiosos, por cometer el horrible crimen de adscribirse a una concepción de su tierra federalista o independiente. Esos sacerdotes tampoco existen para Rouco Varela o para el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares, los mismos que han invitado a rezar "por la unidad de España", según ellos un "bien moral" previo "al ordenamiento jurídico positivo". Son tramposos, hipócritas, taimados. Quedan más sacerdotes asesinados por el bando franquista. Por ejemplo, en Galicia, en La Rioja, en Castilla, en Baleares. Aduciré brevemente sólo al sacerdote mallorquín Martín Usero, que perpetró el gravísimo delito anticristiano de ayudar a escapar a unos cuantos republicanos, carne inmediata de ejecución de haber sido detenidos. No se trata de comunistas ateos, anarquistas incendiarios u obreros comecuras. Son sacerdotes católicos, seguramente comprometidos con su pueblo, coherentes con sus convicciones. Fueron condenados a morir en el paredón, cosidos por las balas del pelotón de ejecución, y siguen estando condenados por los suyos al olvido. Mediante sus ritos perdonan cualquier yerro moral, pero las desviaciones políticas, jamás.
Frente a la memoria histórica reivindicada por unos está la amnesia (voluntaria) histórica de otros. Éstos no quieren olvidar, pasar página o superar conflictos pasados: siguen canonizando a los suyos, recordándolos en las miles de placas existentes en sus iglesias, obviando su protagonismo en el asesinato de decenas de miles de españoles. De ahí que esa presunta amnesia resulte tan vergonzante.
Produce verdaderas náuseas.
Sin duda alguna, que la iglesia no cese en beatificar a quienes consideran mártires, no es precisamente un ejercicio de conciliación, y lo respeto, pero que tengan la dignidad de admitir que ellos también fueron responsables de muchas muertes, y que acepten su abominable papel al respaldar al régimen del innombrable, al cual lo hicieron caudillo, por la gracia de dios, al cual, si existe, seguramente no le hizo la más mínima gracia.
La iglesia daría un gran paso si no hiciera diferencias entre unos y otros, hay más mártires de los que ellos admiten como tales, puesto que los defensores de la cruzada, asesinaron vilmente a miles de personas, y además cometieron el nauseabundo error, de matar en nombre de dios. Que poco cristiano es matar, y mucho menos, en nombre de dios, sin duda, es completamente abominable.
Con la nefasta actitud que demuestra la iglesia, no cabe duda que se esta consiguiendo a marchas forzadas el hecho de que cada vez sean menos los que se dejen manipular por su vomitivo proceder.
